Archivos Mensuales: junio 2013

“Que va a querer wero”

“Que va a querer wero”
por Isaac Contreras

-…aguánteme jefe… es que todavía está muy caliente todo…- el único que no lo llamaba “candidato” como venían haciéndolo el resto de la gente, que le tenían respeto o miedo, halago, haciéndole la barba, sobándole los huevos, pidiendo un hueso, o algo más cuando hablaban con él, lo que siempre rodea a un candidato para gobernador de la ciudad -ya casi está listo nada más deje que se enfrié un poco wero…-

-apurale cabron!- dijo el candidato a gobernador -¡Que traigo un chingo de hambre!-

El candidato no dejaba de ver la olla, la carreta, la banqueta, los carros que pasaban cerca y la gente que se sorprendía al ver al candidato en un puesto de tacos, en alguna calle de la ciudad, los transeúntes y automovilistas primero se sorprendían…luego: los que lo apoyaban pensaban: ohh que buen candidato, apoyando a las micro empresas y a sus ciudadanos, un candidato que conoce y recuerda sus orígenes. Los contrarios, los que no votarían por él pensaban: solo es una nueva farsa más, ahora resulta que come en la calle, muy finolis que se ve pero resulta que come en la calle, esa nadie se la cree, solo quiere  votos, solo es para taparle el ojo al macho, quiere que los noticieros lo vean en la calle para que no descubran las tranzas que hace para ganar la candidatura. Los ajenos a la política solo miraban a un señor rodeado de dos hombres corpulentos vestidos de traje negro y con gafas negras, que estaban en una carreta de tacos como  muchas en esta ciudad, pero se sorprendían a ver a dos trajeados en una carreta de tacos no muy limpia y no muy conocida…

El candidato a gobernador pensaba nada más en los tacos, y en cuanto más iba a esperar para probarlos de nuevo, que el hambre ya era demasiado -apúrale cabron que me estoy muriendo de hambre!-

-tranquilo wero, ya casi están, deje que le entre un poco de aire a la olla mi jefe… ya casi…- el taquero abrió la olla, un vapor se esparció, ascendiendo golpeando la lona que cubría la carreta, se formó una especie de hongo con el humo y los guardaespaldas dieron un paso atrás, salieron de la sombra que producía la lona y los rayos del sol se magnificaron en sus oscuros trajes, el sol en la cara, el gobernador al contrario dio un paso hacia delante,  quería oler los tacos, se llenó de vapor, produciéndole un inminente sudor en el rostro,  un guardaespaldas saco una servilleta de la bolsa interior de su saco, esperando que el gobernador se la pidiera, no lo hizo, estaba concentrado en los tacos dentro de la olla.

-No quiere nada de tomar jefe, tengo sodas, agua de Jamaica y …-

-no, no… todo está bien…- sin dejar de ver los tacos contesto el candidato, inhalando aun el olor que salía de la olla que estaba en la carreta.

-ustedes no quieren nada, una coquita o una de sabor, están bien heladas! Pal calor weros- dijo el taquero a los dos guarda espaldas.

Se voltearon a ver, traían la cara empapada de sudor y las grandes gafas empañadas, uno de ellos todavía tenía el brazo estirado con la servilleta para el gobernador, se miraron por un rato y el de la servilleta, con un ademan con la cabeza le dijo al otro <<¿!pedimos o que!?>>  Solo un ademan: levantando un poco la cara y en exceso la ceja asomándose sobre el gran armazón de los lentes negros, el otro subió los hombros <<no sé, creo que no debemos…>> un ademan: subiendo los hombros y bajando las comisuras de la boca.

-les están hablando chingado, ¡contéstenle!-  el candidato grito, parecía estar dentro de la olla de los tacos, sin ver a los guardaespaldas, estirándole una de las manos y tronando los dedos.

El guardespaldas que tenía la servilleta giro de sorpresa, pensó que el gobernador le estaba pidiendo la servilleta, se acercó rápido y se la puso en la mano con la que le estaba  tronando los dedos, el candidato de golpe dejo de ver el interior de la olla y sorprendido le dijo al guarde espaldas

-¿Qué chingados es esto?

-ohh perdón señor.. pensé que… pensé que quería una servilleta mmm.. para… si… el sudor…lo… lo …lo siento señor..-

El candidato le regreso la servilleta rápidamente y con la misma velocidad se la quito de nuevo, dejando inmóvil al experto en tácticas para desarmar a presuntos enemigos que quisieran hacerle daño al candidato, sorprendido y aun sin saber que había pasado el entrenado guardaespaldas quedo inerte frente al candidato que se secaba el sudor de la frente.

-entonces van a querer algo weros…-

No respondía ninguno de los dos guardaespaldas, antes de voltear a verse de nuevo, el candidato les trono con ambas manos los dedos, una mano más fuerte que la otra por la servilleta que se encontraba empapada  entre los dedos.

-u…una.. una coca-

-¡que sean dos!…!por favor!-

-perfecto…  ¡HEY! ¡Pedro!, dos coca colas para los weros… ¡Pedro!-

Pedro dejo de limpiar la mesa de plástico que cubría la banqueta y moviendo las sillas fue a la hielera buscando entre botellas de vidrio.

-¡Las de más abajo pedro!, las más heladas…- le grito el taquero.

Pedro ya había sacado dos coca-colas pero las regreso a la hielera taponeada con una bolsa de plástico, para mantener el agua y el hielo que se consumía por el calor, Pedro hurgo entre la gran hielera despintada que alguna vez fue roja,  saco dos coca colas del fondo, le paso el mismo trapo con el que limpiaba la mesa; quitándoles el exceso de agua del fondo, las abrió con el destapador que se encontraba clavado en el poste de madera que servía de soporte para el cerco del lote protegido y en venta.

-¡cabron! ¿ya estuvo o cuánto falta?- el candidato con tono un poco desesperado por el hambre, por el olor que salía de la olla, por  el taquero que ya estaba cortando la verdura.

-‘pereme’ tantito jefe… ya casi, ya casi…-

Pedro les entrego las coca-colas a los guardaespaldas. Quien le había provisto la servilleta al candidato le dio un gran trago hasta bajarla a la mitad, Pedro lo vio con asombro, <<alguien traía sed>> pensó Pedro, el otro guardaespaldas con otros dos intentos llego a la mitad de la botella.

El candidato a gobernador pensaba en comprar toda la olla y comerla en el carro rumbo a la oficina o en la misma oficina, estaba tan cerca que… pero no serviría de nada, no podría comerlos, el taquero era el único que los podía abrir y preparar con tan deliciosa manera de hacerlo, recordó aquella vez que se llevó la olla y aprendido el error, ningún taco pudo abrir, no pudo comerse ninguno. Olvido todo aquello cuando el taquero saco al fin  la hoja de tamal, la sonrisa cubrió su cara,  el estómago rio y Pedro lo escucho cuando le llevo la segunda coca a uno de los guardaespaldas,  el taquero llevo la hoja de tamal a la tabla y con rápidos movimientos abrió el orden de las hojas, como la clave secreta de una bóveda, saco el taco de ellas, el taquero sonrió porque la espera valió la pena, en el punto máximo se encontraba el taco, el candidato sonrió aún más, desbordando su sonrisa, al ver la alegría del taquero, el candidato se acercó y estirándose  vio el colorido taco, tan vivo, tan delicioso, se froto las manos y aplaudió –!Eso mi wero!, tu si sabes pinchi wero…- y volvió aplaudir, a saborearse el taco.

El taquero sabía que él era uno de los candidatos para gobernador de la ciudad, sabía que color de taco comía cada dos días cuando venía a su carreta, ya no tenía que preguntarle.

-ya casi jefe, ya casi- el taquero le dijo mientras picaba lo último de la verdura y unía la salsa secreta al plato, echo la verdura sobre la salsa que mezclo con la cuchara de plástico.

-ey tu morro, una coca cola no…- el candidato animado llamo al chico, Pedro seguía limpiando el mismo sitio de la misma mesa con el mismo  trapo, lo escucho y fue de nuevo a la hielera. –de las de abajo ¡EH chamaco!-

El taquero puso a lado de la salsa con verdura, el taco, que había sacado de las  hojas de tamal

-aquí esta jefe, listo, ya- mientras le estiraba el plato.

-váyame preparando el segundo de una vez wero- sonriendo le dijo mientras tomaba el plato. Pedro le ofrecía la coca cola abierta, y con la cabeza el candidato le indico que la pusiera sobre la carreta.

El candidato se saboreó el taco, pasando la lengua por los labios,  con los dedos exigidos tomo el taco, lo chopeo en la salsa especial, y con una gran mordida dejo el taco a la mitad, el taquero mientras sacaba otro taco en vuelto en hojas de tamal observo a los guardaespaldas: -y ustedes no van a querer weros… un taquito, uno aunque sea, ‘tan buenos…-

Los guarda espaldas se acercaron a la carreta, se quitaron los lentes, nunca habían visto ese tipo de tacos, el candidato saboreaba la segunda mordida de su plato, paseaba su dedo sobre la salsa y llevándoselo a la boca.

-Tengo de varios colores, de cuales van a querer: tengo azules, rojos, blancos, verdes, amarillos, naranjas, de todos tenemos de cual van a querer… díganme weros de cual va ser-

El taquero sabia el color que le gustaban al candidato, como el de su partido, siempre el mismo taco, pero, estos eran nuevos guardaespaldas, nunca habían comido aquí, los dos hombres de traje negro se voltearon a ver, uno de ellos dejo la segunda coca-cola sobre la carreta de tacos,  se quedaron pensando, dubitativos, uno observo la cartulina donde venían el nombre “Tacos el wero” los tipos de tacos y los precios, el otro guardaespaldas, que había entregado la servilleta, volteo lentamente como animal acechado, hacia el candidato, tenía que pedir el taco del color del partido político o….

-¡aquí le va el segundo taco jefe!… entonces de cuales van a querer wero- observo al guardaespaldas más cercano, que buscaba la servilleta en su saco, la misma que le entrego al candidato…

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ALEBRIJES!

[DE-POESÍA-A-DIARIO]

27/ 06/13

#1

La palabra de ayer fue “Tencradís”

Arroyo

“Pero por encima de la precisión histórica, nunca olvidamos este principio: una de dos, o lo que nos obsesiona es, en principio, lo que el deseo y la ardiente pasión nos sugieren; o tenemos la razonable preocupación de un futuro mejor.

Parece ser que existe un término medio.
Puedo vivir con la preocupación de un futuro mejor. Pero también puedo remitir este futuro a otro mundo; a un mundo en el que sólo la muerte tiene el poder de introducirme…”
Georges Bataille
Libro: Las lagrimas de Eros

Una nueva Pandora en casa, nuevos males, mas literatura!!!

GÉNESIS

“Los dejaremos allí, a nuestro hijo y a nuestra hija,
así nos libraremos de ellos,
se quedarán allí,
solos en lo mas oscuro.”
Jorge Volpi
Libro: Oscuro Bosque Oscuro

“Tengo piedad de ti, mi amado, volveré al seno de la noche; pues es necesario que me pierdas para volverme a encontrar, y si me encuentras, huiré de ti nuevamente, pues yo soy la que está sola y por esa soledad tú me darás el nombre de Monelle”
Marcel Schwob
Libro: El libro de Monelle

“¿Quien es la Desposada del viento? ¿Sabe leer? ¿Sabe escribir en francés sin cometer faltas? ¿Que leña enciende ara calentarse?
Se calienta con su vida intensa, su misterio, su poesía. No ha leído nada, sino que se lo ha bebido todo. No sabe leer. Y sin embargo, la vio el ruiseñor sentada en la piedra del manantial, leyendo. Y aunque estaba leyendo para si, los animales y los caballos la escuchaban admirados.
Porque estaba leyendo El caballo del miedo, esta historia verídica que ahora vais a leer, esta historia escrita en lengua hermosa, pura y fiel”
Max Ernst
[Prologo del libro] “La casa del miedo// Memorias de abajo” de Leonora Carrington

“Lo hacemos?- preguntó Brenda”
Juan Villoro 
Libro: Los Culpables

“-Vete- dijo Sandra, pero dejó la puerta abierta.
Un reflejo paranoico me hizo sospechar de ella. Sin embargo,
mi excitación era más fuerte que mi necesidad de estar a salvo.
Empujé la puerta”
Juan Villoro  //  Libro: Arrecife

“A todos les gustaría mandar, y quienes lo niegan solo tienen miedo…
o bien un deseo todavía mayor de obedecer…”
Alberto Chimal
Libro: los esclavos

“Harriet quiso contarme una pequeña fábula. Fábula que simbolizaba, según ella, mi posición como escritor.

Estoy en una cabina telefónica, después del fin del mundo. Puedo hacer tantas llamadas como quiera, no hay limite. No se sabe si tras personas han sobrevivido, o si mis llamadas sólo son el monólogo de n tarado. A veces la llamada se corta enseguida, como si me hubieran colgado de golpe; a veces se prolonga, como si me escucharan con una curiosidad culpable. No hay ni día ni noche; es una situación que no va a tener fin.

Bienvenida a la vida eterna, Harriet”
Michel Houellebecq
Libro: La posibilidad de una isla

“Obedientes, incluso los relojes han enmudecido. La muerte, está seguro, no ha de ser muy distinta. Sólo cuando el eco de su propia voz se dispersa, se da cuenta de que habita un cosmos que ya no le pertenece.
-Empecemos de nuevo- ordena- !Quiero verla otra vez!”
Jorge Volpi
Libro: En busca de Klingsor

Los nueve males de Pandora…

LA CAJA  

arroyo

CARTAS (VI): “Imagíname: no puedo existir sino me imaginas”*

De mi paso por la cárcel en una lejana ciudad y de cómo descubrí  el mundo del asesino y su prosa…

Hace tiempo que no sabes de mí, y te pido una disculpa, me he visto envuelto en un error que me ha llevado a pisar la cárcel de un lejano país, un error que yo no cometí y que me vi involucrado (pronto lo sabrás, en alguna otra carta…) pero pasar el tiempo en aquella cárcel no dejo de ser una nueva aventura (para bien o para mal) en este gran viaje, pero sigo vivo y te escribo…

Pase un tiempo encerrado con condiciones deplorables,  en ese infierno que era mi celda,  el tiempo cambia cuando ves las mismas cuatro paredes  todos los días y sus noches, me estaba volviendo loco, yo era inocente, pero estaba ahí, pagando el crimen de otro ser.

Pasaban los días y la locura llamaba a mi puerta, hasta que una noche, quien habitaba la celda a mi derecha empezó a platicar conmigo, Humbert era su nombre, un señor que nunca conocí, más que por medio de sus palabras, antes de hablar primero escucho mi historia, lo que no hicieron esos policías, le conté todo lo sucedido con mi caso y el error que me llevo a estar en esa celda, de donde era yo, y todas las aventuras que se me han presentado y le conté de todos esos seres extraordinarios que he conocido en este magnífico viaje (que vas conociendo por medio de estas cartas) que por el momento estaba estancado. Le conté sobre ti; todo lo que representas y lo importante que eres en mi vida…  Cuando supo mi historia, cuando termine de contarle todo, me paso algo inesperado, este señor me pidió un extraño favor que no entendí al inicio, me dijo que me contaría su historia, la verdadera historia de su vida, me pregunto si tenía donde escribir, me asombro esa pregunta, le dije que había pedazos de revista y periódico, le dije que había un libro con una pésima tinta a la hora de la impresión y el trascurso del tiempo, se alegró de esto último y tras una pausa un poco larga  dijo: “tratare de discernir a la liebre que hay en mí, temblando en el bosque de mi propia inquietud; y hasta sonríe un poco. Después de todo, no hay nada malo en sonreír” * aun no comprendía del todo, sus palabras y el favor que me pedía. Y volvió a hablar: “me temo que esto no sea demasiado claro, pero no he tomado notas y solo tengo a mi disposición, para cotejar con ellas estos recuerdos, una guía turística atrozmente mutilada, en 3 volúmenes, que es casi un símbolo de mi conflictivo y emocionalmente lacerado pasado…” *

No entendía aun por qué, hasta que me confirmo que tenía prohibido todo objeto dentro de su celda, estaba a punto de iniciar su proceso con la justicia y no querían ningún tipo de “accidentes” que cometiera el sospecho más culpable, pero, por delitos que nadie más sabe y que estaba a punto de ser yo el primer testigo de la apasionada y perturbadora vida de Humbert…

 Humbert Humbert sería su nombre y me pedía que escribiera su historia, su experiencia descrita con tanta desesperación y una apasionada confesión…

Me dispuse hacerlo, tome el libro, cual palimpsesto,  escribir sus palabras que viajaban entre nuestras celdas, desde la primera frase quede hipnotizado, su destacable forma de contar apasionadamente los recuerdos, su descripción  tan viva como las llamas…  y así, descendimos juntos al infierno de Humbert Humbert…

Días y noches de insomnio, y más que insomnio estaba  hipnotizado por su prosa, y su lenguaje envenenado tras los recuerdos que venían a su mente, me transportaba hacia aquel tiempo que me narraba, y  describía con la sutileza que pronto interrumpió diciendo: “pueden confiar en que la prosa de los asesinos sea siempre elegante” *     

Nunca juzgue al asesino que estaba a lado de mi celda, era yo el único quien sabia el verdadero secreto de su terrible pasado, un solo acto lo inculpaba y lo llevaría a su muerte, pero los oficiales y jueces  desconocían lo que rodeaba a esa terrible venganza que Humbert Humbert realizo,  desconocían todo el camino que lo llevo a cometer el delito…

“Y a pesar de la vulgaridad, el peligro y la tremenda inanidad de todo aquello continuaba sintiéndome a gusto en el paraíso que había elegido; un paraíso cuyos cielos tenían el color de las llamas infernales, pero, con todo, un paraíso” *

Era una especie de fantasma quien escribía su lenguaje, mi mano era su terrible cómplice de contar aquella historia, su confesión, su prohibido amor, sus palabras  se sobreponían a las impresas en aquel libro,  hipnotizado por la historia, escribía sin hacer ningún cambio, como me lo había pedido, sus palabras llenaban esas hojas, la terrible verdad y vida de Humbert Humbert

“… y quería que este viviera, al menos, un par de meses más, para que tu vivieras después en la mente de las generaciones venideras. Pienso en bisontes y ángeles, en el secreto de los pigmentos perdurables, en los sonetos proféticos, en el refugio del arte. Y esta es la única inmortalidad que tú y yo podemos compartir. Lolita mía” *

Termino de describir la historia de su vida y nunca más me hablo, en esta historia venían ciertas peticiones que tenía que cumplir cuando saliera de esa cárcel: llevar este su manuscrito, a su abogado, el sabría qué hacer, venían instrucciones para él también.

Pase semanas en esa celda, nunca más me dirigió la palabra, su historia viajaba en mi cabeza todos los días, imágenes construidas  en blanco, negro y a colores, versiones distintas, pero él nunca más me dirigió la palabra… recuerdo que pasaba noches leyendo el primer capítulo y me recordaba  tanto a ti, buscaba el veneno en su lenguaje para infectarte (en las próximas cartas) como tú lo habías hecho conmigo, aquel verano, y tus labios.

Su abogado me represento a petición de su cliente,  nunca conocí a Humbert Humbert, solo en su descripción y en su silencio…  Salí libre tras el malentendido en el que me vi sumergido, tenía las disculpas del estado y este manuscrito en mis manos.

Te escribo de nuevo, libre al fin, hace dos días que he salido de la cárcel, estoy en este café esperando al abogado para entregarle el libro que Humbert escribió... Sigo en el camino, buscando aventuras en este gran viaje que aún no termina, aún me falta mucho que recorrer y lo sabes, solo quería decirte que no me olvido nunca de ti y que no lo haré,  cada vez pienso más en ti,  mi amor a primera vista, a última vista, a cualquier vista…

¡Hasta la próxima!

c 

Fragmento del libro “Lolita” de Vladimir Nabokov

El miedo y la escritura; Manuscrito hallado antes de escribir un cuento

“El Miedo y La Escritura: La Metamorfosis”

Antes de escribir, me invade un terror que no comprendo esta violencia con la que llega, un miedo que gira en torno a mi existencia, un miedo a mi vida, a lo que hare con ella o a lo que no estoy haciendo, un terror de no saber que caminos tomar,  mi vida:  hacia donde se dirige o por qué esta inerte en esta etapa que sigue y sigue.

Este terror no se manifiesta en lo que relato, en lo que escribo, a decir verdad, el terror es un acto antes de escribir, así funciona: quiero escribir algo que aun no comprendo,  que no sé que es; y ahí entra, me da la bienvenida, el miedo hacia mí.

Antes, cuando fumaba, salía de la cueva, y pensaba mientras me consumía, ardía con el cigarro, el miedo se perdía con el humo y nacía la idea, que luego, inmediatamente, me ponía a escribir  por el miedo a que regresara el otro miedo.

Ahora que no fumo que hacer para transformar el miedo…

Por un tiempo la bebida fungió como la metamorfosis  entre el miedo y la escritura, pero la bebida  ahoga muchas otras ideas que el humo las hacia volar…

El miedo iniciaba en la cueva, donde surgen/nadan las ideas (que escribo), por eso era necesario salir por un momento para hacerlas crecer, con la velocidad que el miedo entraba en mi ser, era el precio que pagaba por mis alimentos, por mis monstruos,  por esta adicción que me hervía la sangre.

Escribir y pagar anticipadamente con el miedo, dejar que sangre la herida para poder curarla, para luego reabrirla…

Pero este miedo nunca invadió los relatos que escribía, este miedo se acababa cuando lograba atrapar la idea,  me dirigía de nuevo a la cueva, al encierro, al ritual de tatuar la idea con tinta en la hoja de papel y los alebrijes nacían…

Reto a los especialista que traten de encontrar mis miedos en mis escritos, verán que estarán jugando mi juego dentro de mi laberinto, no encontraran la meta tras creer que han conseguido alguna pista, una llave, una puerta…

Se los digo, mis miedos se evaporan cuando escribo, el precio ya está pagado y pactado,  el miedo es mío, mis escritos son para todos.

Eh conseguido un nueva forma de sufrir este miedo y su cometido: Escribo; Ahora escribo mientras siento miedo, así mi sensación de terror quedara plasmada en textos que no tendrán nada que ver con mis escritos,  ahora escribo mi forma de sentir miedo y como consigo sobrellevar esta adicción.

Ahora todo el tiempo estoy dentro de mi cueva, me reconforta saber que el miedo me ha vencido de nuevo, consiguiendo este escrito, ahora estoy listo…

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Cortometraje: “Cortázar; El Asesino”

13 de junio del 2013: la múltiple lectura de un texto: Capítulo 7 de Rayuela de Julio Cortázar: jugando su juego y modificando las reglas… para los insomnes aquí esta el corto final

 

Tras los 50 años de la publicación de Rayuela de Julio Cortázar decidimos realizar un proyecto audiovisual, con otra visión(lectura) de un capitulo de la novela, un homenaje a la biblia de los cronopios y al cronopio mayor, un homenaje extraño, diferente y “fantástico”, esa palabra…

 

“Ese sentimiento de lo fantástico, como me gusta llamarle, porque creo que es sobre todo un sentimiento e incluso un poco visceral, ese sentimiento me acompaña a mí desde el comienzo de mi vida, desde muy pequeño, antes, mucho antes de comenzar a escribir, me negué a aceptar la realidad tal como pretendían imponérmela y explicármela mis padres y mis maestros. Yo vi siempre el mundo de una manera distinta, sentí siempre, que entre dos cosas que parecen perfectamente delimitadas y separadas, hay intersticios por los cuales, para mí al menos, pasaba, se colaba, un elemento, que no podía explicarse con leyes, que no podía explicarse con lógica, que no podía explicarse con la inteligencia razonante.

Ese sentimiento, que creo que se refleja en la mayoría de mis cuentos, podríamos calificarlo de extrañamiento; en cualquier momento les puede suceder a ustedes, les habrá sucedido, a mí me sucede todo el tiempo, en cualquier momento que podemos calificar de prosaico, en la cama, en el ómnibus, bajo la ducha, hablando, caminando o leyendo, hay como pequeños paréntesis en esa realidad y es por ahí, donde una sensibilidad preparada a ese tipo de experiencias siente la presencia de algo diferente, siente, en otras palabras, lo que podemos llamar lo fantástico. Eso no es ninguna cosa excepcional, para gente dotada de sensibilidad para lo fantástico, ese sentimiento, ese extrañamiento, está ahí, a cada paso, vuelvo a decirlo, en cualquier momento y consiste sobre todo en el hecho de que las pautas de la lógica, de la causalidad del tiempo, del espacio, todo lo que nuestra inteligencia acepta desde Aristóteles como inamovible, seguro y tranquilizado se ve bruscamente sacudido, como conmovido, por una especie de, de viento interior, que los desplaza y que los hace cambiar” Julio Cortázar
Texto: El sentimiento de lo fantástico

Asociaciones Extrañas alrededor de la presentación de un libro

Todos se saludan, el inevitable café y las galletas del multipack de surtido, besos, abrazos, las mismas conversaciones, la prueba de audio, probando, probando, 1,2; ¿Ah sí? ¿Y cómo esta fulanito?; 2,2, probando; ¿en serio? ¡no puedo creerlo! ya se casó… si bueno, bueno, probando, la puerta se abre todos voltean, 1,2,2, si, si, bueno, bueno, ¿de dónde tomaste eso? de la mesa de allá, si, bueno, bueno, el sonido del café que cae en el vaso, hola ¿cómo has estado? bueno, bueno, que bueno, que todo está bien, me alegro, 2,2, ya se tardaron ¿no crees? si, si, bueno, el celular sonando, el individuo que siempre está atento a la puerta en espera de alguien (pero que sabe que no invito a nadie) Aquí estoy, ¡hey! aquí estoy, Ah, ok, ¿allá o aquí?, con permiso.

Buenas tardes, le pedimos que tomen asiento, ya vamos a dar inicio, gracias…

y el silencio, ruidoso de las sillas y la respiración…

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 La tan ya conocida propuesta de los expositores, la presentadora lee el curriculum de los que  tomaran la palabra y del autor, la broma del primer expositor que se burla de su curriculum: Risas; el turno de hablar, se sienta la presentadora, la relación con el autor del libro,  la primera expositora empieza su dialogo con el público, implícito, tácito, el desinterés necesario de los otros expositores, hojeando el libro que presentan, haciendo extrañas anotaciones sin sentido, el Autor toma la botella de agua, la deja, acomoda las hojas, se quita los lentes, finge un cansancio en los ojos, la expositora alaba el título del libro, el autor abre rápidamente el libro y simula buscar algo entre las líneas, el otro expositor deja de leerlo (el desinterés entre expositores necesario) observa al público, la expositora toma el micrófono y lo acerca, jala la tela que siempre cubrirá la mesa de presentaciones, que siempre estará manchada de un lado o rota, el buscador, ese  ser que siempre espera a alguien y gira para buscar cada vez que se abre la puerta (aun a sabiendas que no invito a nadie) la cita, obligada: historiador o poeta, la señalización del lugar. A llegado la prensa, claro, la local, el reportero que todos conocen pero que no han visto un reportaje completo, el camarógrafo sube y baja, la toma aquí, la toma allá, general, primer plano, el reportero distraído en el celular, como siempre, el agradecimiento una vez más del primer expositor al autor por “este gran e importante libro” muchas gracias; aplausos, y el giro del buscador hacia la puerta, que  busca a ese alguien  que no vendrá.

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El segundo expositor, será contrario al primero, siempre, empezara  con esas bromas acerca de su relación  de años con el autor y bromas que hablan mal del autor, para que el escritor quede  bien con el público, las risas del autor, las risas del auditorio, el reportero aun en el celular, el camarógrafo moviéndose de aquí hacia allá, el expositor llega a la turbia mención de la unicidad que tiene el autor “único en su mundo, solo él sabe representar esa realidad y esa visión tan única con sus lectores” El turno de la primera expositora de ignorar a quien tiene la palabra ahora, el timbre del celular que desvía las miradas de la mesa, hacia el culpable, su huida, acomodarse de nuevo en las sillas, la necesidad de comprar “este único libro de este tan irrepetible escritor” vuelve a iniciar el segundo expositor, regresa entre aplausos el culpable del celular y su sonido estridente, pero los aplausos van para el discurso que llega a su fin del segundo expositor y da pie a la palabra del “único e indispensable autor”

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Te acomodas en la silla, y el más cercano a ti te voltea a ver, necesita el movimiento para alejarse de lo que habla el autor, la broma reciproca con los expositores, con el público y su imposibilidad de la región de “un increíble lugar en el que viven”  su muestra de conocimiento de la región, el apoyo de la primera expositora, la necesidad de hacer y mencionar como surgió el libro, aunque sea falso, al contrario, es necesario que sea  falso, esa anécdota literaria, la lectura de un fragmento del libro que se presenta, con la voz y selección del autor, un fragmento que siempre será mal escogido, se abre la puerta y el eterno buscador gira y nada, “así volvamos con el origen del libro” El buscador, es cazado, 3 moiras se dirigen a su fila de asientos, 3 ancianos lentamente piden el paso y se sientan en las sillas libres “yo quise hacer un ejercicio en el capítulo tal” el buscador es hallado pero no deseaba ser hallado, el quería buscar eternamente, la puerta se abre, ya no gira, los moiras ancianos tan idénticos en las canas blancas, en los grandes lentes, y el buscador se va en busca del aun café que contiene la cafetera, las 13 o 14 galletas que nadie toca, nunca, que se quedan intactas en el paquete multipack de surtidos, pide el paso, regresa con el libro, en vuelto en ese plástico “yo lo que quiero es llamar la atención del lector” trata de quitar sin ruido el plástico del libro, capturan la tarde y la presentación del libro desde el fondo del auditorio, la encargada de la institución, donde se está presentando el libro “pero qué dice esta foto, solo sé que dice más que mil palabras” el autor levanta el libro para que todos los espectadores vean la fotografía, el camarógrafo distraído rápidamente trata de ajustar la cámara, el Autor ya bajo el libro y “me permitiré leer otro fragmento con su autorización” el primer Moira, duerme ya sobre su bastón, el buscador ya quito todo el plástico y no sabe cómo hojear el libro, me acerco al buscador para preguntar el costo del libro, el tercer anciano me gana la acción, el buscador responde 700 pesos, el primer moira se despierta asustado y  la ya tan esperada,  ansiada, tos se escucha del otro lado del auditorio, la tos que se necesitaba para quejarse en silencio con el de a lado de esa tos que molesta y no deja poner atención al Autor que ya está llegando al final de su discurso y dar pie a la sesión de preguntas y respuestas…