“Que va a querer wero”

“Que va a querer wero”
por Isaac Contreras

-…aguánteme jefe… es que todavía está muy caliente todo…- el único que no lo llamaba “candidato” como venían haciéndolo el resto de la gente, que le tenían respeto o miedo, halago, haciéndole la barba, sobándole los huevos, pidiendo un hueso, o algo más cuando hablaban con él, lo que siempre rodea a un candidato para gobernador de la ciudad -ya casi está listo nada más deje que se enfrié un poco wero…-

-apurale cabron!- dijo el candidato a gobernador -¡Que traigo un chingo de hambre!-

El candidato no dejaba de ver la olla, la carreta, la banqueta, los carros que pasaban cerca y la gente que se sorprendía al ver al candidato en un puesto de tacos, en alguna calle de la ciudad, los transeúntes y automovilistas primero se sorprendían…luego: los que lo apoyaban pensaban: ohh que buen candidato, apoyando a las micro empresas y a sus ciudadanos, un candidato que conoce y recuerda sus orígenes. Los contrarios, los que no votarían por él pensaban: solo es una nueva farsa más, ahora resulta que come en la calle, muy finolis que se ve pero resulta que come en la calle, esa nadie se la cree, solo quiere  votos, solo es para taparle el ojo al macho, quiere que los noticieros lo vean en la calle para que no descubran las tranzas que hace para ganar la candidatura. Los ajenos a la política solo miraban a un señor rodeado de dos hombres corpulentos vestidos de traje negro y con gafas negras, que estaban en una carreta de tacos como  muchas en esta ciudad, pero se sorprendían a ver a dos trajeados en una carreta de tacos no muy limpia y no muy conocida…

El candidato a gobernador pensaba nada más en los tacos, y en cuanto más iba a esperar para probarlos de nuevo, que el hambre ya era demasiado -apúrale cabron que me estoy muriendo de hambre!-

-tranquilo wero, ya casi están, deje que le entre un poco de aire a la olla mi jefe… ya casi…- el taquero abrió la olla, un vapor se esparció, ascendiendo golpeando la lona que cubría la carreta, se formó una especie de hongo con el humo y los guardaespaldas dieron un paso atrás, salieron de la sombra que producía la lona y los rayos del sol se magnificaron en sus oscuros trajes, el sol en la cara, el gobernador al contrario dio un paso hacia delante,  quería oler los tacos, se llenó de vapor, produciéndole un inminente sudor en el rostro,  un guardaespaldas saco una servilleta de la bolsa interior de su saco, esperando que el gobernador se la pidiera, no lo hizo, estaba concentrado en los tacos dentro de la olla.

-No quiere nada de tomar jefe, tengo sodas, agua de Jamaica y …-

-no, no… todo está bien…- sin dejar de ver los tacos contesto el candidato, inhalando aun el olor que salía de la olla que estaba en la carreta.

-ustedes no quieren nada, una coquita o una de sabor, están bien heladas! Pal calor weros- dijo el taquero a los dos guarda espaldas.

Se voltearon a ver, traían la cara empapada de sudor y las grandes gafas empañadas, uno de ellos todavía tenía el brazo estirado con la servilleta para el gobernador, se miraron por un rato y el de la servilleta, con un ademan con la cabeza le dijo al otro <<¿!pedimos o que!?>>  Solo un ademan: levantando un poco la cara y en exceso la ceja asomándose sobre el gran armazón de los lentes negros, el otro subió los hombros <<no sé, creo que no debemos…>> un ademan: subiendo los hombros y bajando las comisuras de la boca.

-les están hablando chingado, ¡contéstenle!-  el candidato grito, parecía estar dentro de la olla de los tacos, sin ver a los guardaespaldas, estirándole una de las manos y tronando los dedos.

El guardespaldas que tenía la servilleta giro de sorpresa, pensó que el gobernador le estaba pidiendo la servilleta, se acercó rápido y se la puso en la mano con la que le estaba  tronando los dedos, el candidato de golpe dejo de ver el interior de la olla y sorprendido le dijo al guarde espaldas

-¿Qué chingados es esto?

-ohh perdón señor.. pensé que… pensé que quería una servilleta mmm.. para… si… el sudor…lo… lo …lo siento señor..-

El candidato le regreso la servilleta rápidamente y con la misma velocidad se la quito de nuevo, dejando inmóvil al experto en tácticas para desarmar a presuntos enemigos que quisieran hacerle daño al candidato, sorprendido y aun sin saber que había pasado el entrenado guardaespaldas quedo inerte frente al candidato que se secaba el sudor de la frente.

-entonces van a querer algo weros…-

No respondía ninguno de los dos guardaespaldas, antes de voltear a verse de nuevo, el candidato les trono con ambas manos los dedos, una mano más fuerte que la otra por la servilleta que se encontraba empapada  entre los dedos.

-u…una.. una coca-

-¡que sean dos!…!por favor!-

-perfecto…  ¡HEY! ¡Pedro!, dos coca colas para los weros… ¡Pedro!-

Pedro dejo de limpiar la mesa de plástico que cubría la banqueta y moviendo las sillas fue a la hielera buscando entre botellas de vidrio.

-¡Las de más abajo pedro!, las más heladas…- le grito el taquero.

Pedro ya había sacado dos coca-colas pero las regreso a la hielera taponeada con una bolsa de plástico, para mantener el agua y el hielo que se consumía por el calor, Pedro hurgo entre la gran hielera despintada que alguna vez fue roja,  saco dos coca colas del fondo, le paso el mismo trapo con el que limpiaba la mesa; quitándoles el exceso de agua del fondo, las abrió con el destapador que se encontraba clavado en el poste de madera que servía de soporte para el cerco del lote protegido y en venta.

-¡cabron! ¿ya estuvo o cuánto falta?- el candidato con tono un poco desesperado por el hambre, por el olor que salía de la olla, por  el taquero que ya estaba cortando la verdura.

-‘pereme’ tantito jefe… ya casi, ya casi…-

Pedro les entrego las coca-colas a los guardaespaldas. Quien le había provisto la servilleta al candidato le dio un gran trago hasta bajarla a la mitad, Pedro lo vio con asombro, <<alguien traía sed>> pensó Pedro, el otro guardaespaldas con otros dos intentos llego a la mitad de la botella.

El candidato a gobernador pensaba en comprar toda la olla y comerla en el carro rumbo a la oficina o en la misma oficina, estaba tan cerca que… pero no serviría de nada, no podría comerlos, el taquero era el único que los podía abrir y preparar con tan deliciosa manera de hacerlo, recordó aquella vez que se llevó la olla y aprendido el error, ningún taco pudo abrir, no pudo comerse ninguno. Olvido todo aquello cuando el taquero saco al fin  la hoja de tamal, la sonrisa cubrió su cara,  el estómago rio y Pedro lo escucho cuando le llevo la segunda coca a uno de los guardaespaldas,  el taquero llevo la hoja de tamal a la tabla y con rápidos movimientos abrió el orden de las hojas, como la clave secreta de una bóveda, saco el taco de ellas, el taquero sonrió porque la espera valió la pena, en el punto máximo se encontraba el taco, el candidato sonrió aún más, desbordando su sonrisa, al ver la alegría del taquero, el candidato se acercó y estirándose  vio el colorido taco, tan vivo, tan delicioso, se froto las manos y aplaudió –!Eso mi wero!, tu si sabes pinchi wero…- y volvió aplaudir, a saborearse el taco.

El taquero sabía que él era uno de los candidatos para gobernador de la ciudad, sabía que color de taco comía cada dos días cuando venía a su carreta, ya no tenía que preguntarle.

-ya casi jefe, ya casi- el taquero le dijo mientras picaba lo último de la verdura y unía la salsa secreta al plato, echo la verdura sobre la salsa que mezclo con la cuchara de plástico.

-ey tu morro, una coca cola no…- el candidato animado llamo al chico, Pedro seguía limpiando el mismo sitio de la misma mesa con el mismo  trapo, lo escucho y fue de nuevo a la hielera. –de las de abajo ¡EH chamaco!-

El taquero puso a lado de la salsa con verdura, el taco, que había sacado de las  hojas de tamal

-aquí esta jefe, listo, ya- mientras le estiraba el plato.

-váyame preparando el segundo de una vez wero- sonriendo le dijo mientras tomaba el plato. Pedro le ofrecía la coca cola abierta, y con la cabeza el candidato le indico que la pusiera sobre la carreta.

El candidato se saboreó el taco, pasando la lengua por los labios,  con los dedos exigidos tomo el taco, lo chopeo en la salsa especial, y con una gran mordida dejo el taco a la mitad, el taquero mientras sacaba otro taco en vuelto en hojas de tamal observo a los guardaespaldas: -y ustedes no van a querer weros… un taquito, uno aunque sea, ‘tan buenos…-

Los guarda espaldas se acercaron a la carreta, se quitaron los lentes, nunca habían visto ese tipo de tacos, el candidato saboreaba la segunda mordida de su plato, paseaba su dedo sobre la salsa y llevándoselo a la boca.

-Tengo de varios colores, de cuales van a querer: tengo azules, rojos, blancos, verdes, amarillos, naranjas, de todos tenemos de cual van a querer… díganme weros de cual va ser-

El taquero sabia el color que le gustaban al candidato, como el de su partido, siempre el mismo taco, pero, estos eran nuevos guardaespaldas, nunca habían comido aquí, los dos hombres de traje negro se voltearon a ver, uno de ellos dejo la segunda coca-cola sobre la carreta de tacos,  se quedaron pensando, dubitativos, uno observo la cartulina donde venían el nombre “Tacos el wero” los tipos de tacos y los precios, el otro guardaespaldas, que había entregado la servilleta, volteo lentamente como animal acechado, hacia el candidato, tenía que pedir el taco del color del partido político o….

-¡aquí le va el segundo taco jefe!… entonces de cuales van a querer wero- observo al guardaespaldas más cercano, que buscaba la servilleta en su saco, la misma que le entrego al candidato…

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