Archivos Mensuales: julio 2014

Mientras leo la carta que me escribí a los 7 años (Fragmento robado de la Bitácora del Capitán Alebrije)

Estoy en este preciso momento en un punto de mi vida, que miro hacia atrás y reconozco todas las huellas que han formado este camino (y me sorprendo de todas las estupideces que he hecho [y de seguir vivo] y no me arrepiento de ninguna de ellas porque han definido la cosmogonía que soy) y puedo -ahora- decir: ¡Que chingona vida la que tienes!

Estoy como lo dije anteriormente, en un punto de mi vida que defino como la Completud, cada aspecto de mi vida sirve con el propósito que había pensado hace muchos años:  una carrera que me apasiona, un trabajo que me hace crecer todos los días, conocer a gente apasionada por vivir-por hacer lo que mas ama, conozco extraordinarios lugares, viajo, escribo y leo como no tienes idea, pero sobre todo  la soledad, esa que me fortalece, que sin ella y el abismo, no podría reconocerme. Lo dije -lo digo- conozco ahora lo que los humanos llaman felicidad. Me reconozco en cada historia que he vivido a lo largo de estos años, cada momento mágico indescriptible, fantástico que ha recorrido mis cinco sentidos (y los otros muchos mas que no conocen aun). Estoy -repito- en un punto de mi vida donde cumpli cada objetivo de una lista que propuse realizar hace tiempo*

Pero, esta noche -justamente hoy, pero hace muchos años- cuando me detengo a ver mi vida pasada (y cuando digo ver, quiero decir: Leo, aquella carta que me escribi cuando era niño, para mi yo de 25 años contándole los sueños las aventuras que quería vivir -y  sorprendentemente he vivido cada una de ellas- y cuando veo la ultima frase de la carta que me escribi hace tanto tiempo…) que en mi rostro esta la sonrisa mas sincera, cuando podría morir este mismo instante y no quejarme de nada; Miro hacia adelante, y observo todas las aventuras que me están esperando, lo que el destino me tiene deparado, lo que construire a cada nuevo paso, acción, pensamiento…veo el horizonte, el reino, el universo…  Mi sangre, mi sentidos, mi vida, alegres felices cantando  mueren por recorrer el nuevo sendero. Mi pasado, mi presente -este momento de silencio, de detenerme, de…- y mi futuro, y me digo: ¡Que chingona vida la que tendrás!

Asi el presente se acaba, para dar paso a escribir mi futuro con cada huella, la(s) aventura(s) que me espera y mi epitafio dirá:

“En un lugar de la ______, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”

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OST:

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CUENTO: Autobiografía del poeta F. B. Titulada “Me fui a Úbeda a morir”

Me fui a Úbeda a morir*

Hace tiempo, mucho tiempo ya (de los ayeres que rememora la conciencia a cada paso) cuando estaba en las primeras tonterías del amor que se nombra a cada instante: que se expresa infinito y se comprende finito, cuando era joven y empezaba lo que se dice a vivir la vida, cuando me enamore de aquella musa (cuál de todas dirá el lector) de aquella primera que me robó el corazón (e insistirá el lector, cuál de todas)   y me mostró la vitalidad del poeta en ciernes, en esas tardes de amor campana, de horas al atardecer, de manos que no se separan cuando los labios se cansaron de besarse, recorríamos el centro comercial -un domo de aire fresco artificial, un santuario para las hormonas- sin centavos en la bolsa con la nieve en las manos que nos quedan libres, recuerdo aquella sonrisa llena de vainilla y mi carcajada de chocolate, de momento así la imagen se hace presente, sus ojos grandes y fuertes se posan en una estrafalaria sección de telas e inciensos, de música de cabaret y circo, cortinas por puertas, y una calavera en voz de lazarillo, era gracioso que ella me condujera sin decir nada, pero es que era el helado y la risa lo que me envolvía triste en la risa de mi locura –porque ha pasado el tiempo y decir que era amor sería caer en un lenguaje desaforado, y porque soy poeta evitaré signos querido lector- así arrastrandome del puente de nuestros brazos entramos a través de las purpúreas cortinas y el olor a incienso y la música de cabaret y circo, era curioso ver que este lugar desentonaba con el domo de aire fresco, era extraño no haberlo visto antes    –si, a la menor oportunidad nos veníamos a besar, a estar, a no separarnos, éramos niños lector, muy muy niños, otra generación, nada de tecnología- Ella asombrada por las cosas que rodeaban este lugar, figuras extrañas y graciosas, duendes gnomos calaveras animales plantas telas dijes pociones textos y la voz de pronto seguida del grito de mi acompañante y la pronta recuperación del helado, reflejos mi querido lector reflejos, y de nuevo la voz “Bienvenidos sean a la carpa de Madame Turner” inevitable mi risa, y ahogarme en ella, pero mi acompañante esa mujer que hizo de mi raciocinio una parvada de pájaros (sin conocer la luz) asombrada de Madame, quien continuo “estáis en este sitio por la razón…” su falso acento español a todas lenguas y su tono ruso a pocas métricas “Ya se YA se ustedes vienen a que Madame Turner les lea las cartas…” se aventuró como buena comerciante a enganchar a mi bella dama, adivinó que yo era escéptico pero era el del dinero, la pobre bobalina con su sonrisa siguió los pasos y con un beso en la mejilla me hizo cambiar de idea y así pasamos al cuarto para que nos leyeran –a mi la mano, a ella las cartas- nuestro futuro, y así lo hizo, la parafernalia de la otra habitación, la mesa y las dos sillas, de película esto y mas el rostro de asombro de mi enamorada. No recuerdo que le dijo a ella, el helado era demasiado bueno, aparte desde mi posición y con su falda tan corta y mis hormonas tan… tan perdidas, esa vista se volvió un regalo de la naturaleza, mi propia película y el único espectador… Así llego mi turno, Madame Turner pidió mi mano, mi enamorada le había dicho a Madame que me leyera la mano -a veces me pregunto cosas, muchas cosas que no caben en esta pausa, cosas intrascendentes nada importante querido lector, no se preocupe, nada que afecte la trama de esta historia que le cuento- empezó recitando en latín        –y mira que el esfuerzo hizo, pero era gracioso verla intentar- miró, inspeccionó, dibujó mi mano y cada parte de ella con sus dedos –recuerdo que mi primer pensamiento fue que su cortaúñas no le servía un extremo, lo delataba el patrón de corte mal elaborado en cada uno de sus dedos, y que decir de sus uñas mal pintadas (por decir lector, uno de los pensamientos que tengo es: Como hacerle caso a una Vidente cuando sus uñas no son falsas y poco arregladas, las has visto cierto: la veracidad de ellas depende de cuan falsa sean sus uñas y que tan arregladas estén)- me miro a los ojos, empezó a develar “mi futuro”: que sería alguien importante -nunca me dijo en que- que el día de mi muerte habría un gran desfile en mi honor en una extraña ciudad de rascacielos, que la gente se desbordaría por tocar el ataúd que llevaría mi cuerpo, que la alegría reinaría en medio de la tristeza de mi muerte, que mis seguidores tenían  que estar alegres, nada de llanto si no era de risa, que gente de todas partes del mundo harían una de las mayores fiestas en esa ciudad conmemorando mi vida, de ella no me dijo nada (de la eterna enamorada) así continuó por unos minutos entorno a ese evento y otras cosas mas. Salimos de su local, aun recuerdo el color púrpura de sus telas como puertas, mi princesa en turno abrazada a mi, asombrada por lo que le había dicho y lo que me habían dicho, fue así como pasaron un par de horas mas en el domo de aire fresco -nunca entrábamos a las tiendas siempre deambulando o en una banca besándonos, la nieve o la sala de cine- Recuerdo aquella noche las palabras de Madame Turner, las figuras y los olores, las formas y los sonidos, mi helado derretido, lo que me dejaba ver al falda de mi concubina, era divertido ver, saber como me levante de la cama y tome lápiz y papel y empece a escribir  algo que no recuerdo que, pero; Así inicio esta aventura de ser poeta: contradecir el futuro que me estaba esperando. Así pasaron los días, las musas cambiaron proporcional a los t-e-a-m-o-s, los juegos de nombres tiernos y esperanzadores mutando en cada una de ellas, las formas y la experiencia, los gustos y las necesidades… transcurrieron así los años como el pasar de hojas de un libro, de pronto me veo aquí sentado, observando las aves picoteando la comida del suelo en este parque, soy viejo ya, divertido pero viejo, mi trayecto me ha costado, nadie me conoce en esta ciudad, incluso los arboles me dan sombra: creo que ese es mi mayor logro. Se que moriré en esta hermosa ciudad que se ha quedado suspendida en el tiempo, podría decirte los secretos que conozco pero es más divertido que los descubras por ti mismo… sigo escribiendo, no me he arrepentido, algunos de mis libros se han vendido, hay quienes creen conocerme a través de ello, y me rio por eso, somos esas aves que picotean y picotean, dan dos pasos y picotean y picotean… Se que el día de mi muerte no habrá desfiles ni un mísero confeti, que no habrá risas ni baile ni gritos de millares de personas en mi nombre, que no se recorrerán las calles principales con mi cuerpo en movimiento, pienso esto mientras me levanto de esta banca en el parque, caminando entre los edificios antiguos de esta ciudad, siempre me gustó morir aquí, soy extranjero, mi ciudad esta tan lejos, y ya la música crece lentamente, de mi mente a mis labios, el ritmo en mis manos, y mis pies ya bailan en este atardecer que si fuera esto una película seria la mejor escena de este film. Mira como me voy alejando, en ese contraluz, y es divertido saber/creer que vencí al destino.

P.D. Por cierto la cámara de esta película la maneja la muerte, con esa túnica púrpura y ese olor a incienso, y esa risa vainilla y esos ojos chocolate. Mirame que tan lejos he llegado, mira como bailo, a pesar de ser un viejo,  mira cuanta energía, escucha la música de fondo, crece poco a poco, no mires a la cámara, música de cabaret y de circo, esta procesión que esta por empezar y no me sigue nadie gracias a Dios, estoy en el desfile de mi vida y no me sigue nadie.

* Primer capítulo y único de la autobiografía del poeta F. B.  que cuenta como se convirtió/decidió en/ser poeta.

Isaac Contreras