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“Canción de tumba” de Julián Herbert (LIBRO)



“Así, desde la fiebre o la psicosis, es relativamente valido escribir una novela autobiográfica donde campea la fantasía. Lo importante no es que los hechos sean verdaderos; lo importante es que la enfermedad o la locura lo sean; no tienes derecho a jugar con la mente de los demás a menos que estés dispuesto a sacrificar tu propia cordura.”
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La historia de un hijo que cuida a su madre enferma de leucemia, desde el hospital universitario de Saltillo, Julián Herbert nos cuenta la vida que vivió con su madre los recorridos por la república mexicana, de norte a sur, de sur a norte, la vida de una prostituta y sus hijos, Julián Herbert nos habla de su infancia, adolescencia y su adultez, como también nos cuenta la vida con sus hijos y sus diferentes mujeres, nos cuenta sus viajes,  los viajes imaginarios y reales, los viajes escritos, los viajes que sirven para olvidar el momento donde se está, los viajes que te hacen ver tu vida como si fueras una tercera persona, Julián Herbert viaja a través de su pluma (o mejor dicho de su laptop) mientras escribe esta (su) novela, escribe su vida y la de su madre, el nos lo dice en estas siguientes líneas del por qué escribe: “escribo para transformar lo perceptible. Escribo para entonar el sufrimiento. Pero también escribo para hacer menos incomodo y grosero este sillón de hospital para ser un hombre habitable (aunque sea por fantasmas) […] Mientras pueda teclear podre darle forma a lo que desconozco y, así ser mas hombre. Por que escribo para volver al cuerpo de ella: escribo para volver a un idioma del que nací” hablar de la enfermedad, hablar de una enfermedad que no es tuya y que te afecta directamente, hablar de la enfermedad de tu madre y vivirla a sabiendas que; “si te dedicas a cuidar a un enfermo, te arriesgas a vivir en el interior de un cadáver” hablar de la enfermedad de tu madre y sentirla poéticamente explotable para la construcción de una novela autobiográfica, la experiencia del último tramo de la vida, escrita en unas cuantas líneas (206 páginas) la inmortalidad de la prostituta que no se vendía,  prostituta socialista y lectora, de una belleza,  que anhela las luces de la habana,  una prostituta que viaja, que encarga a sus hijos con nanas, que vive su vida, una prostituta que yace al final en una cama de hospital en la sección masculina con otro nombre, conectada a tubos, mangueras, maquinas, sueros, medicinas…pero que es la vida si no un camino para la inmortalidad, que es la muerte si no el primer paso del inmortal…
Javier García Rodríguez en su libro Barra Americana nos dice: “Te gustan desde siempre las obras de ficción cuyos protagonistas son escritores. A estas alturas tú ya has leído gran cantidad de libros que hablan de escritores, de libros que hablan de escritores que se parecen al escritor que escribe el libro, de libros que hablan de escritores que escriben libros, o de escritores que no pueden escribir libros, o de escritores que escriben un libro que no es el libro que quieren escribir, o de escritores que ven cómo otro escritor escribe el libro que ellos mismos desean escribir, o de escritores que escriben el libro que alguien les encarga imitando el estilo de otro escritor, o de escritores con éxito pero sin prestigio crítico, o de escritores con prestigio crítico pero que no venden, o de escritores incapaces de escribir, o de escritores que viven para poder escribir, o de escritores infelices, o de escritores frustrados, o de escritores profesores, o de escritores que mueren antes de acabar una novela, o que matan por una novela, o que…”
Y Julián Herbert es uno de ellos, un escritor que escribe su vida a partir de la enfermedad de su madre para que el dolor sea menos doloroso, un escritor que le han dado una beca para realizar un libro que no ha empezado, un escritor que escribe a partir de la realidad, desde la fiebre o la psicosis, un escritor mexicano, un escritor que nos dice: “tengo que escribir para que lo que pienso se vuelva más absurdo y real. Tengo que mentir para que lo que hago no sea falso”, un escritor que tras la recuperación momentáneamente de su madre nos devela una verdad “¿Qué será de estas páginas si mi madre no muere?” un escritor que: “siempre narro en presente en busca de velocidad. Esta vez lo hago en busca de consuelo mientras percibo el movimiento del avión como un abismo puesto en pausa”
Y yo soy uno de esos lectores,  que disfrutan leer esta (esas) novela, esas novelas donde el protagonista son escritores (en la vida real o en la ficticia), que nos cuentan su vida, o parte de ella, y más si son a partir de hechos reales, con un poco de fantasía, pero eso no importa ya lo dice Herbert, simplemente que la enfermedad o la locura sean sinceras, donde el lector impacientemente quiere terminar la novela, como la enfermedad lo hace con el cuerpo,   como la locura acaba con la razón,  donde el monologo de la razón habla acerca de la locura como un perfecto reflejo de pánico…

¿Que es Canción de tumba?, no puedo más que utilizar unas líneas de la misma novela para describirla, Canción de tumba es: “recuperar la cordura significa que tus demonios han vuelto a su sitio. Ya no pueden atormentar a nadie más. Solo a ti”

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