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CARTAS (III): “Me hubiera gustado clavar la noche en el papel como una gran mariposa nocturna”

Carta #3:

“Desde el pozo asfixiante del recuerdo…”

No es el insomnio lo que se cuenta, no es la noche la que no te deja dormir, son los recuerdos, los recuerdos producen el insomnio, las memorias, por esta vez se equivoco el otro escritor-alebrije,  es el calor lo que complica todo o casi todo, sabes, te escribo de noche, sin poder dormir, y el calor lo arruina todo, te recuerdo en sueños, en sueños despiertos, duermo muy poco  y he pasado todo este día encerrado en esa otra habitación,  cuatro paredes que se alargan hacia el infinito, observo hacia arriba, el viejo Onetti me cuenta sus vivencias, sus aventuras o las vivencias o aventuras  de otro ser que desconozco, y que por momentos se parece a mi, Onetti sabe borrar estas cuatro paredes que nos encierran, sabe como transportarnos a esos lugares que me esta narrando, lo escucho con toda mi atención,  olvido por momentos que me encuentro en cerrado en este cuarto, con estas ventanas, con estos catres, con el intento de sillas sin asientos…

Cuando conocí a Onetti me fascino las pausas que realiza al hablar, como buscando la palabra adecuada, a veces simplemente a dejado de hablar y yo esperando la próxima palabra. No podemos dormir, gracias a Dios que tenemos cigarros, nos comunicamos a distancia entre habitaciones, entre el humo, entre celdas continuas, me cuenta un sueño que me deja fascinado, me cuenta también la vida después del divorcio de ese otro amigo, y su otro sueño en la rambla, el sueño lo puede todo o casi todo… pensaba en eso cuando me contaba con su particular forma de narrar aquel sueño de su amigo, había esperanza y las ideas son obsesiones, cuando se tiene esperanza… pero, que ocurre cuando… ahora si tiene razón el otro escritor-alebrije, un puente no se puede sostener de un solo lado, y mas si es de noche… Todo era tan extraño y Onetti contaba la cara de loco de su amigo, pero ya no importa,  las ideas solo son ideas, me complace que nos entendamos, Onetti y yo, en esta noche, esta noche que podemos sentirla de la misma manera, y esta vida que solo es el paso del tiempo en fracciones, Onetti me pide un cigarro, me doy cuenta que es el ultimo, se da cuenta por mi rostro que es el ultimo, ya no valen las excusas,  somos los únicos en esta noche que golpea nuestras sienes con su latir, corazón  nocturno.

Le estiro el cigarro y le digo que me repita la calle donde su amigo reproducía aquella ultima esperanza, la calle Eduardo Acevedo me dice, mientras me pasa el cigarro encendido, Eduardo… Eduardo… recuerdo a otro Eduardo que me contó esta historia,  solo un fragmento Δ y ahora Onetti me descubre toda la obra…

Aun es de noche y aun sigue el calor, el insomnio, trato de formar aquella imagen de la cabaña, Onetti habla en voz alta pero consigo mismo: “A veces pienso que esta bestia es mejor que yo…” le escucho decir pero cada vez habla mas bajo… observando por la ventana, estoy acostado en uno de los catres en esta habitación,  recojo del suelo un periódico para poder escribirte,  desde este lugar, con este insomnio, desde esta habitación y con estas ideas obsesivas, ¿aun tenemos esperanza? aun podemos construir puentes (o el/nuestro puente) que no se sostengan de un solo lado, donde podamos recrear nuestros sueños, ¿aun tienes aquel vestido blanco?, ¿aun sabes la dirección de aquella cabaña?

¡Hasta la próxima!

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