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CARTAS (VI): “Imagíname: no puedo existir sino me imaginas”*

De mi paso por la cárcel en una lejana ciudad y de cómo descubrí  el mundo del asesino y su prosa…

Hace tiempo que no sabes de mí, y te pido una disculpa, me he visto envuelto en un error que me ha llevado a pisar la cárcel de un lejano país, un error que yo no cometí y que me vi involucrado (pronto lo sabrás, en alguna otra carta…) pero pasar el tiempo en aquella cárcel no dejo de ser una nueva aventura (para bien o para mal) en este gran viaje, pero sigo vivo y te escribo…

Pase un tiempo encerrado con condiciones deplorables,  en ese infierno que era mi celda,  el tiempo cambia cuando ves las mismas cuatro paredes  todos los días y sus noches, me estaba volviendo loco, yo era inocente, pero estaba ahí, pagando el crimen de otro ser.

Pasaban los días y la locura llamaba a mi puerta, hasta que una noche, quien habitaba la celda a mi derecha empezó a platicar conmigo, Humbert era su nombre, un señor que nunca conocí, más que por medio de sus palabras, antes de hablar primero escucho mi historia, lo que no hicieron esos policías, le conté todo lo sucedido con mi caso y el error que me llevo a estar en esa celda, de donde era yo, y todas las aventuras que se me han presentado y le conté de todos esos seres extraordinarios que he conocido en este magnífico viaje (que vas conociendo por medio de estas cartas) que por el momento estaba estancado. Le conté sobre ti; todo lo que representas y lo importante que eres en mi vida…  Cuando supo mi historia, cuando termine de contarle todo, me paso algo inesperado, este señor me pidió un extraño favor que no entendí al inicio, me dijo que me contaría su historia, la verdadera historia de su vida, me pregunto si tenía donde escribir, me asombro esa pregunta, le dije que había pedazos de revista y periódico, le dije que había un libro con una pésima tinta a la hora de la impresión y el trascurso del tiempo, se alegró de esto último y tras una pausa un poco larga  dijo: “tratare de discernir a la liebre que hay en mí, temblando en el bosque de mi propia inquietud; y hasta sonríe un poco. Después de todo, no hay nada malo en sonreír” * aun no comprendía del todo, sus palabras y el favor que me pedía. Y volvió a hablar: “me temo que esto no sea demasiado claro, pero no he tomado notas y solo tengo a mi disposición, para cotejar con ellas estos recuerdos, una guía turística atrozmente mutilada, en 3 volúmenes, que es casi un símbolo de mi conflictivo y emocionalmente lacerado pasado…” *

No entendía aun por qué, hasta que me confirmo que tenía prohibido todo objeto dentro de su celda, estaba a punto de iniciar su proceso con la justicia y no querían ningún tipo de “accidentes” que cometiera el sospecho más culpable, pero, por delitos que nadie más sabe y que estaba a punto de ser yo el primer testigo de la apasionada y perturbadora vida de Humbert…

 Humbert Humbert sería su nombre y me pedía que escribiera su historia, su experiencia descrita con tanta desesperación y una apasionada confesión…

Me dispuse hacerlo, tome el libro, cual palimpsesto,  escribir sus palabras que viajaban entre nuestras celdas, desde la primera frase quede hipnotizado, su destacable forma de contar apasionadamente los recuerdos, su descripción  tan viva como las llamas…  y así, descendimos juntos al infierno de Humbert Humbert…

Días y noches de insomnio, y más que insomnio estaba  hipnotizado por su prosa, y su lenguaje envenenado tras los recuerdos que venían a su mente, me transportaba hacia aquel tiempo que me narraba, y  describía con la sutileza que pronto interrumpió diciendo: “pueden confiar en que la prosa de los asesinos sea siempre elegante” *     

Nunca juzgue al asesino que estaba a lado de mi celda, era yo el único quien sabia el verdadero secreto de su terrible pasado, un solo acto lo inculpaba y lo llevaría a su muerte, pero los oficiales y jueces  desconocían lo que rodeaba a esa terrible venganza que Humbert Humbert realizo,  desconocían todo el camino que lo llevo a cometer el delito…

“Y a pesar de la vulgaridad, el peligro y la tremenda inanidad de todo aquello continuaba sintiéndome a gusto en el paraíso que había elegido; un paraíso cuyos cielos tenían el color de las llamas infernales, pero, con todo, un paraíso” *

Era una especie de fantasma quien escribía su lenguaje, mi mano era su terrible cómplice de contar aquella historia, su confesión, su prohibido amor, sus palabras  se sobreponían a las impresas en aquel libro,  hipnotizado por la historia, escribía sin hacer ningún cambio, como me lo había pedido, sus palabras llenaban esas hojas, la terrible verdad y vida de Humbert Humbert

“… y quería que este viviera, al menos, un par de meses más, para que tu vivieras después en la mente de las generaciones venideras. Pienso en bisontes y ángeles, en el secreto de los pigmentos perdurables, en los sonetos proféticos, en el refugio del arte. Y esta es la única inmortalidad que tú y yo podemos compartir. Lolita mía” *

Termino de describir la historia de su vida y nunca más me hablo, en esta historia venían ciertas peticiones que tenía que cumplir cuando saliera de esa cárcel: llevar este su manuscrito, a su abogado, el sabría qué hacer, venían instrucciones para él también.

Pase semanas en esa celda, nunca más me dirigió la palabra, su historia viajaba en mi cabeza todos los días, imágenes construidas  en blanco, negro y a colores, versiones distintas, pero él nunca más me dirigió la palabra… recuerdo que pasaba noches leyendo el primer capítulo y me recordaba  tanto a ti, buscaba el veneno en su lenguaje para infectarte (en las próximas cartas) como tú lo habías hecho conmigo, aquel verano, y tus labios.

Su abogado me represento a petición de su cliente,  nunca conocí a Humbert Humbert, solo en su descripción y en su silencio…  Salí libre tras el malentendido en el que me vi sumergido, tenía las disculpas del estado y este manuscrito en mis manos.

Te escribo de nuevo, libre al fin, hace dos días que he salido de la cárcel, estoy en este café esperando al abogado para entregarle el libro que Humbert escribió... Sigo en el camino, buscando aventuras en este gran viaje que aún no termina, aún me falta mucho que recorrer y lo sabes, solo quería decirte que no me olvido nunca de ti y que no lo haré,  cada vez pienso más en ti,  mi amor a primera vista, a última vista, a cualquier vista…

¡Hasta la próxima!

c 

Fragmento del libro “Lolita” de Vladimir Nabokov

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