Archivo de la categoría: Manuscritos

Una novela llamada “Hamburguesa clásica con papas y soda chica a solo 62 pesos” o “hay historias que no deberían terminar nunca”

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(Sentado en el restaurante pensando la gran novela observo como) una madre saluda a su hijo que le grita desde  la zona de juegos de plástico tan colorido y esas caras en los aviones, carros, trenes pegadas en la pared, recuerdo mi infancia, adentro de esos tubos, escondido,  salir de la escuela llegar a aquel (y ya cerrado local)  escondido, leyendo entre la tubería, escondidos de todos de todo, con mis gafas grandes y  atrapado en la historia, sumergido en la trama,  escondido en mi fortaleza… como me gustaría que esto fuera verdad, algo, un poco,  ni gafas, ni tubería, nada de libros en mi infancia mucho menos esa soledad que le cargo al personaje, así se da la 1 pm y el mesero me pregunta que si quiero algún condimento, deja dos  ranch y se va, vuelvo a comenzar a armar un lío de palabras, pensando, dudando, creando personajes que no serán mas que mi propio yo,  así empiezo a recapacitar en el titulo, que no  quede duda(que no y que no…) sobre esta belleza y terrorífica sensación de pensar historias, a todas horas, en todo momento, siempre alejado de una pluma  o un papel (¿por que no usas la grabadora de tu celular, por que no el app de notas? no es lo mismo, esa es la excusa) lo que quiero decir es, ir perdiendosé en la construcción de esa historia que nunca escribirás, dejarlo todo, abordar la trama, sumergirte en tu inconsciencia (¡carajo que gran historia! ) pero ahí queda inconclusa, sin una simple letra marcada-tatuada en algún lienzo… voy al baño me veo en el espejo, he dejado la mochila en la mesa,que valor al a traverme a dejarla ahí, con todo lo que tengo, con la vida portátil que me he cargado al hombro, que seria de mi si… explote, podría salir corriendo nadie pensaría que después de comer un ser común y corriente deje una bomba en la mesa dentro de la mochila, podría funcionar, así el personaje se involucra en el lugar, todos los terroristas son idiotas, este no lo seria este va a interactuar con el lugar, pasar sus últimos momentos de vida, comer una hamburguesa, el mesero le trae dos de ranch, la soda de siempre, las papas grandes -se lo merece, ¡esta a punto de explotar!- y luego al baño, mirarse al espejo, y hacerlo, simplemente ahí, sin pensarlo , es tan complicado escribir o describir al personaje que no debe de pensar, escribir sin pensarlo, la novela no funcionaria si no fuera esto un… así paso 10 minutos pensando en la historia, 10 minutos que podría aprovechar en un performance, justamente aquí, de la  nada, jalar la mesa y hacer una actuación, una danza interpretativa, entonces, tenemos al personaje terrorista en el baño, el bailarín en su performance, al niño leyendo en un túnel escondido, ¡claro! la madre, esa madre que lo saludaba y ahora le toma fotos encima de la silla, que aplaude, que busca el enfoque táctil, ahora, no, otra vez, otra foto, así, ya esta, el filtro, -¿cual será su cuenta de instagram? para hacer mas real esto- ella, la madre, ¿divorciada? pero puede que el padre este trabajando, es la hora de comida y la madre, pero ellos no tienen uniforme, los niños, quizás, ¿vacaciones? ¡como no lo había pensando! un trabajador ¡CLARO! el del ranch,  entonces, la clave es: “desea algo mas?” la respuesta “si por favor dos de ranch” pero no puede quedar ahí, todos piden dos, siempre dos, ¿algo mas?  tiene que ver algo mas, acaso que el mesero intente ser el héroe de esta historia? limpiar el baño y toparse a,  o saliendo de cagar, y, revisar ortografía, quizás pretender que sea el héroe, pero el twist, la mirada, el “era una broma, caíste, ¿listo para activarla?”  la ultima frase incluso debatir sobre si la hamburguesa que le sirvió estaba buena o no, una pequeña discusión sobre el tema y luego la llamada y, ¡NO! llamada no, una canción, la clave es la canción que pondrá un tercer cómplice para saber que deben detonarla, escuchan los primeros acordes observan la bocina, luego entre ellos, y -¡no era hombre, era mujer! esto no tiene nada que ver con la historia, por eso lo escribo, escribo que escribo…- olvido la historia por un momento, así acaba, así, sin terminar acaba la novela, estoy permeado de esta morfología, te maldigo Calvino, ¡te maldigo!, quizás toda historia nunca deba terminar, porque entro en la filosofía “quisista“? TODA HISTORIA NO ACABA NUNCA ¿acabar o terminar? cual que defina esto, que palabra que defienda esto,  ¿quien sobreviviría a una explosión en este lugar? ¿quizás el que esta leyendo-espiando (esto que escribo) en la mesa detrás de mi? pero, si yo estoy en el espejo viéndome que he tenido esta idea, ¿hay alguien que abrió mi mochila y revisa o porque no decir esta escribiendo esto? “dos de ranch, si como no…. aquí están tus dos de ranch, y ¡PUM!”

así sale el señor del baño peinándose, la madre con el niño en brazo lamiendo el cono de nieve se aleja del área de juegos, el mesero deja dos ranch en otra mesa, entonces esto es el fin o mejor dicho ¡Kaputt!

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El miedo y la escritura; Manuscrito hallado antes de escribir un cuento

“El Miedo y La Escritura: La Metamorfosis”

Antes de escribir, me invade un terror que no comprendo esta violencia con la que llega, un miedo que gira en torno a mi existencia, un miedo a mi vida, a lo que hare con ella o a lo que no estoy haciendo, un terror de no saber que caminos tomar,  mi vida:  hacia donde se dirige o por qué esta inerte en esta etapa que sigue y sigue.

Este terror no se manifiesta en lo que relato, en lo que escribo, a decir verdad, el terror es un acto antes de escribir, así funciona: quiero escribir algo que aun no comprendo,  que no sé que es; y ahí entra, me da la bienvenida, el miedo hacia mí.

Antes, cuando fumaba, salía de la cueva, y pensaba mientras me consumía, ardía con el cigarro, el miedo se perdía con el humo y nacía la idea, que luego, inmediatamente, me ponía a escribir  por el miedo a que regresara el otro miedo.

Ahora que no fumo que hacer para transformar el miedo…

Por un tiempo la bebida fungió como la metamorfosis  entre el miedo y la escritura, pero la bebida  ahoga muchas otras ideas que el humo las hacia volar…

El miedo iniciaba en la cueva, donde surgen/nadan las ideas (que escribo), por eso era necesario salir por un momento para hacerlas crecer, con la velocidad que el miedo entraba en mi ser, era el precio que pagaba por mis alimentos, por mis monstruos,  por esta adicción que me hervía la sangre.

Escribir y pagar anticipadamente con el miedo, dejar que sangre la herida para poder curarla, para luego reabrirla…

Pero este miedo nunca invadió los relatos que escribía, este miedo se acababa cuando lograba atrapar la idea,  me dirigía de nuevo a la cueva, al encierro, al ritual de tatuar la idea con tinta en la hoja de papel y los alebrijes nacían…

Reto a los especialista que traten de encontrar mis miedos en mis escritos, verán que estarán jugando mi juego dentro de mi laberinto, no encontraran la meta tras creer que han conseguido alguna pista, una llave, una puerta…

Se los digo, mis miedos se evaporan cuando escribo, el precio ya está pagado y pactado,  el miedo es mío, mis escritos son para todos.

Eh conseguido un nueva forma de sufrir este miedo y su cometido: Escribo; Ahora escribo mientras siento miedo, así mi sensación de terror quedara plasmada en textos que no tendrán nada que ver con mis escritos,  ahora escribo mi forma de sentir miedo y como consigo sobrellevar esta adicción.

Ahora todo el tiempo estoy dentro de mi cueva, me reconforta saber que el miedo me ha vencido de nuevo, consiguiendo este escrito, ahora estoy listo…

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Preámbulo nocturno; Manuscrito hallado antes de escribir un cuento…

 “Manuscrito hallado antes de escribir un cuento…”

Hay periodos donde odio esta profesión a la que me dedico, esta profesión que no se en que momento me arroje a ella con esta fuerza que recuerdo, decía que existen etapas que detesto en esta mi profesión de escritor (pero solo me engaño)

Esos periodos son cuando tengo que escribir, me viene el insomnio, la mente se llena de pensamientos (¿reacios?) dudas, soluciones a problemas inexistentes, problemas sin soluciones.

Periodos donde provengo de un letargo con la pluma, y es de golpe, como si la esponja-cerebro se exprimiera, tengo que vaciar-exprimir mi cerebro-esponja.

Manchar estas hojas con tinta de ideas, vomito;/: cuentos, poemas, capítulos, ensayos, basura literaria y el insomnio.

Y el insomnio, ese que no me deja soñar…
Pero eso no es todo lo malo (que de malo tiene que me este muriendo) la profesión, el insomnio y el calor…

El maldito calor en estas noches de insomnio, sentado en la silla desnudo (miento) escribiendo no se que cosas, sin sentido, (hierba que se corta, agua que destila) y el maldito calor que no me deja dormir, y el maldito insomnio que no me deja (¿sentir?) (¿soñar?) pegajoso y estas hojas amarillas y esta pluma azul que se acaba (esta llena) y las ideas se van escondiendo, se burlan, juegan despiertas, corren, ríen  gritan, esta profesión de pescador y esas musas que me lanzan su voz, y yo en este infierno (¿tan feroz?) en esta procesión (¿profesión?) con amor (¿y absurdidad?) o calor irrisorio (¿insomnio?) cuanto desconcierto para un acto (¿tan temido?) y el calor.

Y aquí me encuentro en esta barca individual, sobre este océano,  tratando de pescar una idea o dos, atarlas, matarlas, atraparlas en esta red y que no salgan, que hagan volar, pero que no vuelen, pero el insomnio y esta profesión es lenta, esperando atrapar o que te atrapen; entonces se escucha a lo lejos el canto de una musa (¿sirena?)  pica el anzuelo y te levantas de la cama, en busca de la hoja y jalas la cuerda, se resiste, pelea, presionas, escribes, cede, ganas (¿pierdes?) y el calor, el calor y el insomnio…

Isaac Contreras